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Por favor, Papito, no hagas eso de nuevo April 28, 2010

Posted by eagletec9 in Reflexiones.
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Me llego por correo y se me hizo muy bonito mensaje, a parte de que ya me paso lo que cuentan en esta historia, y uno como padre daria cualquier cosa por evitarle el dolor a sus hijos.

Cuando mi hijo tenia solo tres años, el y sus hermanas jugaban correteandose por toda la casa con grandes carcajadas haciendo erupcion cada tantos minutos cuando alguno de ellos se acercaba a tocar a sus hermanos.Las risitas fueron interrumpidas de repente por un estrepito seguido de un llanto de dolor por una herida ensangrentada.

Me puse de pie y corri hacia la sala donde el aparente accidente habia tenido lugar. Mi hijo habia tomado la esquina del cuarto demasiado rapido y habia caido de cabeza sobre la esquina de una mesa. Rapidamente le recogi del piso donde yacia y le abrace tanto para consolarle como para examinar la herida…chorros de sangre brotaban de su frente.

Para cuando llegamos al cuarto de urgencia, sus lagrimas habian amainado un poco pero yo anticipaba nervioso el pequeño trauma que nos esperaba. Tras examinar la frente de mi hijo, el medico confirmo que necesitaria coser la herida para que pudiese sanar adecuadamente.
La buena noticia era que solo requeriria un punto. La mala era que el medico planeaba cocerlo sin anestesia. “Podemos puyarlo una vez o hacerlo dos veces”, me informo el medico.

Se me dijo entonces que inyectarle la anestesia local seria tan doloroso y traumatico como coserle un solo punto. La puyada de la inyeccion seria seguida por una segunda puyada para coser la herida. De mala gana estuve de acuerdo con el medico y opte por la puyada unica.

Anime a mi hijo diciendole que estaba siendo un “niño valiente” mientras los medicos y yo le atabamos suavemente con un aparato para evitar que su cuerpecito se moviese demasiado durante el procedimiento.Por dentro luchaba por aguantar las lagrimas mientras el me miraba con ojos asustados pero confiados. “Sigue mirando a Papa”, le animaba. “Estas siendo muy valiente”.
Sus enormes ojos se mantuvieron fijos en los mios mientras el medico lavaba suavemente la herida y se preparaba para cerrar la herida con el punto de sutura.

“OK, aqui vamos”, dijo suavemente el medico. “Esto sera rapido”. “Sigue mirandome a mi”, dije intentando sonreir y atraje sus confiados ojos hacia mi. “Papa esta aqui”.
Con precision y rapidez, el medico rapidamente metio la aguja curveada en la piel hinchada cercana a la herida en la frente de mi hijo.
Los ojos de mi hijo se agrandaron al sentir el dolor. Entonces, en una voz sollozante que conllevaba la dulzura e inocencia que solo un niño de tres años puede invocar, me miro y me dijo: “Por favor, Papito, no hagas eso de nuevo”.

Mi corazon se quebranto. ¿Como explicarle a un hijo de tres años que el dolor que experimenta –un dolor que al menos en su mente, era causado por mi—era inflingido con amor, con un deseo de traer sanidad? Increiblemente, ese es uno de mis mas preciados recuerdos de la niñez de mi hijo.
El procedimiento acabo casi tan rapido como habia comenzado y, despues de unas cuantas horas, mi hijo habia regresado a las risitas con sus hermanas (aunque correr por la casa fue prohibido desde ese dia en adelante).

Su confianza y dulce respuesta a la situacion siguen penetrando mi corazon con amor hacia el. Ese episodio tambien me recuerda del amor y cuidado de nuestro Padre Celestial hacia nosotros y aquellos a nuestro alrededor quienes pudiesemos experimentar un tiempo de sufrimiento en nuestras vidas.

En mi mente, puedo visualizar a Dios sosteniendonos como nuestro Padre cada vez que estamos lastimados y diciendonos que mantengamos la mirada y confianza puestas sobre El, aun cuando no comprendamos por que nos pasan las cosas.

Cuando somos tentados a culparlo por nuestro dolor y gritar: “Por favor, Papito, no hagas eso de nuevo”, podemos tomar consuelo en saber que El esta muy cerca a nosotros y que nos ama y confiar en que, aunque no siempre comprendamos, hay un proposito detras de cada cosa que nos pasa.

Asi que mantengamos nuestra mirada en El. Confiemos en El. El nos sostiene y nos sana.

Nunca nos soltara. Sepamos tambien que aquella risa—o cualquiera sea la manera en que expresamos nuestro gozo—volvera a ser parte de nuestra vida una vez mas.

Tim Wright 
Fuente: http://www.AsAManThinketh.net

El autor del pensamiento de hoy no solo comparte una tierna historia familiar en la que, al igual que muchos de nosotros, tuvimos que compartir algun percance o sufrimiento de nuestros hijos, sino que nos lleva a un punto de reflexion muy interesante. De la manera en que a veces hacemos responsable a la persona equivocada cuando algo malo nos pasa, resulta interesante que son muchos los que “culpan” a Dios por todo lo que pareciera interferir con sus planes personales. Sin embargo, si algo podemos aprender de nuestro caminar con Jesus es que Dios es bueno y siempre tiene nuestros mejores intereses en mente… aun las circunstancias por las que atravesamos y que parecieran negativas, si tan solo podemos confiar en El, descubriremos tarde que temprano, que abrio la puerta a la bendicion tanto nuestra como de otros a nuestro alrededor. Atrevamonos a confiar en nuestro Padre Celestial. Adelante y que Dios les continue bendiciendo.
Raul Irigoyen
El Pensamiento Del Capellan.


		

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