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Las Reglas de Mi Casa… June 15, 2010

Posted by eagletec9 in Reflexiones.
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En mi casa me enseñaron bien.

Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:

Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.

Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papa y mama.

Y esta regla se cumplia en ese estricto orden. Una exigencia de mama, que nadie discutia… Ni siquiera papa. Astuta la vieja, porque asi nos mantenia A raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papa…” Porque las mamas estaban en su casa. Porque todos los papas salian a trabajar… Porque habia trabajo para todos los papas, y todos los papas volvian a su casa.

No habia que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la Autoridad de papa (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mama) era razon suficiente para cumplir las reglas.

Usted probablemente dira que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acepteme esto: era muy aliviado saber que uno tenia reglas que respetar. Las reglas me contenian, me ordenaban y me protegian. Me contenian al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegian porque podia apoyarme en ellas dado que eran solidas.. Y me ordenaban porque es bueno saber a que atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensacion de abismo, abandono y ausencia.

Las reglas a cumplir eran faciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa” o “escuchar cuando los mayores hablan”.

Habia otro detalle, las mismas personas que me imponian las reglas eran las mismas que las cumplian a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No habia diferencias. Eramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.

Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafie “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitia acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los limites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente. .

La travesura y el castigo pertenecian a un mismo sabio proceso que me permitia mantener intacta mi salud mental. No habia culpables sin castigo y no habia castigo sin culpables. No me diga, uno asi vive en un mundo predecible…

El castigo era una salida terapeutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existia el dos por uno. A tal travesura tal castigo.

Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.

Asi fue en mi casa. Y asi se suponia que era mas alla de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobe que mas alla de la esquina de mi casa habia “travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se cumplian, porque el que las cumple es simplemente un estupido (o un boludo, si me lo permite).

El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba. Conoci algo que, desde mi ingenuidad adulta (si, aun sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: “la impunidad”.

¿Quiere saber una cosa? En mi casa no habia impunidad. En mi casa habia justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero tambien habia piedad.

Le explicare: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque uno cumplia la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincon, por tanto tiempo, y listo… Y ni un minuto mas, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenia la conviccion de que seria atrapado tarde o temprano, asi que habia que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.

Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Asi fue en mi casa.

Y asi crei que seria en la vida. Pero me equivoque. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia habia algo que hacia la diferencia, y hacia que todo funcionara.

En mi casa habia una “Tercera Regla” no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenia la fuerza de un precepto sagrado. Esta fue la regla de oro que presidia el comportamiento de mi casa:

Regla N° 3: No sea insolente. Si rompio la regla, aceptelo, hagase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar.

Esta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo que nos arruino. LA INSOLENCIA. Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atencion o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable.

Pisar el cesped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semaforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar… a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Asi no hay remedio.

El mal del mundo es la insolencia. La insolencia esta compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza. La insolencia hace un culto de cuatro principios:

– Pretender saberlo todo.

– Tener razon hasta morir.

– No escuchar.

– Tu me importas, solo si me sirves.

La insolencia en mi pais admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educacion. La insolencia en mi pais logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que si pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que si pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquellos que, insolentemente, les impiden trabajar.

Lealo otra vez, porque parece mentira. Asi nos vamos a quedar sin trabajo todos.

Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.

Bueno, y asi estan las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serian las mismas que en la suya? Que interesante.

¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que esas eran tambien las reglas en sus casas?

Tanta gente me lo confirmo que llegue a la conclusion que somos una inmensa mayoria. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por que nos acostumbramos tan facilmente a los atropellos de los insolentes? Yo se lo voy a contestar.

PORQUE ES MAS COMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Ademas, aunque somos una inmensa mayoria, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuantos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.

Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levantelo y tirelo en un bote de basura. Si no hay un bote de basura, llevelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle simplemente levantelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.

Si es peaton, cruce por donde corresponde y respete los semaforos, aunque no pase ningun vehiculo, quedese parado y respete la regla.

Si es un automovilista, respete los semaforos y respete los derechos del peaton. Sea educado al manejar, dar el paso demuestra educacion.

Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.

Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el unico modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antidoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nacion comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada… Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa.

Porque hay que aprender a hacerlo todos los dias. Ese es el desafio.

Los insolentes tienen exito porque son insolentes todos los dias, todo el tiempo.

Nuestro pais esta condenado: o aprende a cargar con la disciplina o cargara por siempre con el arrepentimiento.

¿A USTED QUE LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE?

Espero no haber sido insolente. En ese caso, disculpe.

Dr. Mario Rosen

El Dr. Mario A. Rosen es medico, educador, escritor, y empresario exitoso. Tiene 63 años. Socio fundador de Escuela de Vida, Columbia Training System, y Dr. Rosen & Asociados. Desde hace 15 años coordina grupos de entrenamiento en Educacion Responsable para el Adulto. Ha coordinado estos cursos en Neuquen, Cordoba, Tucuman, Rosa rio, Santa Fe, Bahia Blanca y en Centro America. Medico residente y Becario en Investigacion clinica del Consejo Nacional de Residencias Medicas (UBA). Premio Mezzadra de la Facultad de Ciencias Medicas al mejor trabajo de investigacion (UBA). Concurrio a cursos de perfeccionamiento y actualizacion en conducta humana en EEUU y Europa. Invitado a coordinar cursos de motivacion en Amway y Essen Argentina, Dealers de Movicom Bellsouth, EPSA, Alico Seguros, Nature, Laboratorios Parke Davis, Melaleuka Argentina, BASF.

Comments»

1. sinBalas - June 16, 2010

Lamentablemente tocaste un tema fuerte, y las primeras reglas de la vida la impone la casa, sino las respetas no aprendes y si no aprendes no surges.
Y lamentablemente en este mundo debemos vivir queramos o no con reglas y esas reglas que conocimos en casa afuera son leyes y si no las respetas y no las cumples, se paga con cárcel y no con castigo como fué en tu casa, ….saludos sinBalas

eagletec9 - June 20, 2010

Asi es, desafortunadamente en estos momentos en Cd. Juarez (y en todo Mexico) no hay temor a las leyes, y se puede decir que somos una Ciudad sin Ley. Espero que algun dia podamos volver a disfrutar de la ciudad que antes teniamos…

Saludos!


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